El maestro navarro Pablo Hermoso de Mendoza firmó una despedida de ensueño ayer en la Plaza México, en el marco del 78 aniversario del coso más grande del mundo, que registró un lleno ‘hasta la bandera’ para atestiguar el adiós de uno de los toreros más grandes a caballo, que registra la historia de la tauromaquia.
Desde la hora del sorteo se vivió un ambiente de fiesta. Ni los violentos antitaurinos pudieron opacar la celebración, porque esta ocasión fueron encapsulados oportunamente por elementos de la Secretaría de Protección Ciudadana, que hizo cumplir el estado de derecho.
Fue en el último toro de su lote, y último que lidia en la plaza que se le entregó sin cortapisas, que las musas bajaron al ruedo de Insurgentes. Salió ‘Manuel’, buen toro de Los Encinos, ganadería propiedad de Eduardo Martínez Urquidi. El navarro se dio cuenta de las bondades del burel y pronto logró fijarlo en sus cabalgaduras.
En medio de las notas de ‘Las Golondrinas’, Hermoso de Mendoza Cantón, aprovechó cabalmente las bravas acometidas de su enemigo, al que pasaportó de manera certera con el rejón de muerte.
A petición popular, el juez le otorgó las dos orejas.
El primero de su lote fue un burel no sobrado de fuerza con el que el navarro logró momentos emocionantes, que le valieron para dar la vuelta al ruedo.
En la lidia a pie, Ernesto Javier ‘Calita’ y Arturo Gilio no escatimaron esfuerzos y estuvieron por encima de sus enemigos.
La México se llenó. Se lidiaron toros de Los Encinos, bien presentados y buenos en términos generales. Ernesto Javier ‘Calita’, oreja y ovación; Arturo Gilio, oreja y palmas; el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, ovación y dos orejas.
FAENAS DE TRIUNFO
Con el último de su lote, Pablo Hermoso de Mendoza hizo un recuento de toda su tauromaquia. Fuertes emociones generó el navarro, que colocó banderillas con gran clase. Con el pecho del caballo de frente siempre colocó los garapullos al estribo, con gran verdad y pureza.
Templó las acometidas del toro en los terrenos de adentro ante la emoción popular. De repente comenzaron a sonar las notas de ‘Las Golondrinas’ y todo fue más emotivo.
También se dio el lujo de colocar en tres ocasiones la ‘Rosa’.
Hermoso de Mendoza fue al centro del ruedo a recibir las últimas dos orejas que corta en la México. No pudo contener el llanto y muchos en los tendidos le acompañaron.
Posteriormente, el gran torero a caballo besó la arena de la Plaza México.
El mexiquense Ernesto Javier recibió a portagayola al primero de su lote. Declaración de guerra. Aunque no sobrado de bravura, el toro de Los Encinos le permitió al mexiquense recrearse en lances cadenciosos que encontraron gran repercusión en los tendidos.
La faena del torero de Tlanepantla fue de mano baja y figura erguida. Ni el viento, ni la marcada querencia a tablas de su enemigo empañó su labor, misma que rubricó con certera estocada de la que salió con fuerte golpe en el pecho. Afortunadamente sin graves consecuencias. El premio, un valioso trofeo.
El toricantano Arturo Gilio (se le llama misacantano a quien se ordena sacerdote y oficia misa por primera vez) cumplió sobradamente con las expectativas que había de él.
El burel con el que confirmó el doctorado se llamó ‘Carlos’. Toreó el lagunero por ajustadas gaoneras.
Con la muleta comenzó su trasteo con valientes pases de hinojos, que calentaron el ambiente. Firmó una faena emocionante y bragada que le valió para cortar un valioso trofeo.
Que gran celebración la de ayer en la Plaza México, a cuya campaña de Reapertura aún le quedan seis festejos de vida.



